miércoles, 22 de diciembre de 2010

El cuento de la lechera


Llevaba en la cabeza
una lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte
"¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!"

Porque no apetecía
más compañía que su pensamiento,
que alegre le ofrecía
inocentes ideas de contento,
marchaba sola la feliz lechera,
diciéndose entre sí de esta manera:

"Esta leche vendida,
en limpio me dará tanto dinero,
y con esta partida
un canasto de huevos comprar quiero,
para sacar cien pollos, que al estío
me rodearán cantando el pío, pío.

Del importe logrado
de tanto pollo mercaré un cochino;
con bellota, salvado,
berza, castaña engordará sin tino,
tanto, que puede ser que yo consiga
ver cómo se le arrastra la barriga.

Llevarélo al mercado,
sacaré de él sin duda buen dinero;
compraré de contado
una robusta vaca y un ternero,
que corra y salte toda la campaña,
desde el monte cercano a la cabaña."

Con este pensamiento
enajenada, brinca de manera
que a su salto violento
el cántaro cayó. ¡Pobre lechera!
Adiós leche, adiós huevos,
adiós dinero, adiós lechón,
adiós vaca y ternero.

¡Oh loca fantasía!
¡Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría,
no sea que saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre su cantarillo la esperanza.

No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna,
que vivirás ansiosa
sin que pueda saciarte cosa alguna.
No anheles impaciente el bien futuro;
mira que ni el presente está seguro.          


En días como hoy no puedo evitar recordar este poema de Félix María de Samaniego y es que tal lechera, yo, con mi décimo de lotería en la mano, también me había hecho mis castillos en el aire. Llena de ilusión y esperanza, pensaba que este año iba a ser el año, y ya tenía pensado cómo gastaría el premio, qué me compraría, a dónde viajaría, cómo lo invertiría... Pero los niños de San Ildefonso han cantado el 79.250 y con él he vuelto a poner los pies en el suelo mientras veía como mis sueños, tan cercanos y reales esta mañana, se desvanecían para un hipotético próximo futuro.

Pero lo que está claro es el que el año que viene habrá otro número con el que poder soñar despierta. Insistiremos. Seguro que el año que viene es mi año, ¿no?

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