lunes, 7 de abril de 2014

Cine clásico (I): La quimera del oro




Título original: The Gold Rush
Año: 1925
Director: Charles Chaplin
Intérpretes: Charles Chaplin, Mack Swain, Georgia Hale y Tom Murria


Nuestro cine club arrancó con La quimera del oro. Representaba la segunda película en blanco y negro que veía en mi vida y la primera vez que visionaba una película de Charles Chaplin. Seguramente este metraje no sea el más popular del conocido actor del bastón y del bombín, pero el argumento llamó mi atención.
 
La historia se centra en un vagabundo que en busca de oro llega a Alaska. En medio de las montañas, nuestro vagabundo se ve sorprendido por una tormenta y decide refugiarse en una cabaña. Allí, se encuentra con su propietario quién se verá obligado a compartir su casa con el vagabundo y con un bandido con muy malas pulgas. A partir de esta premisa, se irán desarrollando los momentos cómicos.

La idea de la película le surgió a Chaplin cuando estaba en casa de sus ami- gos Douglas Fairbanks y Mary Pickford viendo una sesión de diapositivas sobre los buscadores de oro en Alaska. Decidieron llevarla a cabo con su propia productora, United Artists, que habían fundado en 1919 con la idea de evitar el control masivo que las majors ejercían sobre sus películas en aquella época. 
 
La quimera del oro tiene dos versiones. La primera versión es la original estrenada en los cines en 1925 considerada de cine mudo. La segunda versión es la del 1942 cuando se reestrenó en los cines como versión sonora. El propio Chaplin se encargó de poner la voz en off y de recortar alguna escena que no le convencía. Tanto gustaron los nuevos retoques que consiguió dos nominaciones a los Oscars como mejor banda sonora y sonido.

Viendo la película llegué a comprender porque Charles Chaplin es considerado un genio. Había empezado muy joven en el mundo de interpretación y tenía muchí- simas inquietudes que le llevaron a hacer grandes obras, muchas de ellas tocando temas bastante comprometidos. Tanto es así que tuvo que acabar sus días exiliado en Suiza acusado de ser simpatizante del comunismo. Fue valiente al atreverse a mostrar en la gran pantalla algunos de los problemas de la época: hambruna, pobreza, la industrialización, la individualización, la búsqueda de la riqueza, ... pero eso sí, sin olvidar la vis cómica de todo en esta vida. Aunque intenta que sus personajes sean graciosos, conmigo no siempre lo consigue, porque aunque sí me río, a menudo sus personajes despiertan en mí pena o lástima.

La quimera del oro tiene sus momentos, entre ellos desta- caré la escena en la que el personaje de Chaplin acu- ciado por un hambre voraz decide cocinar uno de sus zapatos y comérselo con gran solemnidad, chupando las puntillas como si fueran huesos de la más exquisita ave. ¿Surrealista?¿Ingenioso?


En general, la película discurre bastante bien, no haciéndose excesivamente pesada, a pesar de lo antigua que es y de ser parcialmente muda. Eso sí, requiere concentración, pues cualquier nimio despiste dificulta su comprensión. Uno está obligado a seguir cada plano y a no perderse nada de los detalles, porque al no tener audio, todo el significado de la acción recae en la expresividad de los actores y en los fondos en negro con frases aclaratorias.

¿La recomendaría? Pues por qué no. Eso sí, me da a mí que La quimera del oro no es la mejor película de Charles Chaplin y que quizá sería mejor invertir nuestro tiempo en alguna otra película suya más reconocida como Tiempos modernos o El gran dictador.
 
 Veremos qué tal la segunda película de nuestro cine club. Mientras tanto, os dejo con un recuadro con unas cuantas curiosidades sobre La quimera del oro.


Sabías que…
 
-         Los 2500 exploradores que se ven al inicio de la película eran vagabundos que se contrataron por un día.
-         Hay una escena en la aparece un oso. Para rodarla contaron con un oso de verdad cuando lo usual en la época era disfrazar a un hombre de oso.
-         La escena conocida como la de los rollos tenía tanto éxito entre el público que los proyeccionistas optaban por parar la proyección y rebobinar la película para reproducir esa escena de nuevo.

- Tuvo problemas con el copyright. En 1953 la cinta estuvo a punto de entrar en la lista de películas de dominio público porque sus propietarios no habían renovado el copyright según las leyes norteamericanas.
 
 

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