sábado, 3 de mayo de 2014

Cine clásico (III): ¡Qué bello es vivir!



Título original: It's a wonderful life
Año: 1946
Director: Frank Capra
Intérpretes: James Stewart, Donna Reed y Lionel Barrymore
Basada en el cuento El mayor de los regalos de Philip Van Doren Stern

 
¡Qué bello es vivir! es la película que en todo hogar americano siempre se ve por Navidad. O al menos eso es lo que siempre se nos ha dicho en las series y películas americanas. Y la verdad es que sentía curiosidad por saber si era tan buena y el por qué se había convertido en una tradición. Cuando la película se estrenó en los cines fue un relativo fracaso, ni siquiera recuperó lo que se había invertido en ella. Uno de los motivos que se argumentaba es que tuvo que competir en los cines con Los mejores años de nuestra vida de Billy Wilder, que trataba sobre el retorno de los soldados tras la Segunda Guerra Mundial y su difícil adaptación, un tema muy en boga tras el fin de la Segunda Guerra Mundial un año antes del estreno de ¡Qué bello es vivir!.
 
¿Entonces por qué es tan reconocida y se emite cada año por televisión? Pues por un problema de derechos. 28 años después de su estreno, la productora debía renovar los derechos sobre la cinta, pero no lo hicieron por un descuido. Un avispado programador televisivo vio el filón de oro y así fue como las diferentes cadenas americanas empezaron a emitirla regularmente ya que no tenían que pagar nada por ella. Una o dos veces al año se reponía la película, especialmente en época navideña por su carácter entrañable. Años después se recurrió alegando que el libro en el que se basaba y la banda sonora sí que tenían los derechos al día, con lo cual no se podía  programar libremente. Actualmente, NBC es la única que puede emitirla y lo hace anualmente.

 
El argumento de ¡Qué bello es vivir! es muy similar a el de Cuento de Navidad. George Bailey es un modesto ciudadano que dirige un banco familiar. A lo largo de su vida, ha tenido que renunciar a todos sus sueños para ayudar y hacer felices a sus familiares y vecinos. Todo el pueblo lo aprecia, excepto un codicioso y poderoso banquero que intenta llevarlo a la ruina. En la Nochebuena de 1945 desaparece una importante suma de dinero que supondría la quiebra de su negocio y un gran escándalo. Abrumado por la situación, Bailey decide suicidarse, pero cuando está a punto, sucede algo inesperado que le lleva a replantearse si su vida es tan mala como él creía.

A pesar de que su trama no es nada del otro mundo, por momentos me sentí atrapada por su historia, quizá por su candidez y por ese aire de inocencia que tenían las producciones de la época. La película está llena de valores como la generosidad, el sacrificio, el compañerismo, la lealtad, la honestidad y la amistad. Lo cierto es que me interesó mucho más la primera parte de la película, divertida y ágil, en la que se nos presentan a todos los personajes y en la que vemos todos los obstáculos que impiden al protagonista realizar sus sueños. La segunda parte, mucho más dramática y descorazonadora, me resultó pesada.


Si hablamos de los actores habría que destacar el gran papel que realizó James Stewart. Se incorporaba a los platós tras participar activamente en la Segunda Guerra Mundial y no estaba muy convencido si el papel de George Bailey era la mejor elección. Su interpretación seguramente es la que requería más trabajo, porque su personaje es el que más evoluciona a lo largo de la película. Con su cara de niño bueno, Stewart consigue hacernos creíble el papel de un hombre que renuncia a todo para ayudar a los demás y a su vez también es capaz de transmitirnos toda la desesperación y frustración de su día a día.



Donna Reed, que interpreta a la esposa del protagonista, casi debutaba con este papel y fue el que mayor reconocimiento le dio en toda su carrera. La verdad es que era una actriz de gran belleza y supo aprovechar ese aspecto para interpretar a una ama de casa bondadosa y caritativa.


Y por último la gran revelación para mí fue el actor Lionel Barrymore que interpreta al egoísta banquero. Barrymore, tío abuelo de la actriz Drew Barrymore, transmitió toda la crueldad y el despotismo que el personaje requería casi sin pestañear y sin moverse de la silla. El actor por aquel entonces padecía una enfermedad que no le permitía andar, con lo cual se pasó todo el rodaje en silla de ruedas. No obstante, captó a la perfección todo lo que caracteriza a un buen señor Scrooge.



¡Qué bello es vivir! debía ser una película en color, así se había establecido en un principio. Pero en aquella época las películas debían colorearse y a menudo no podían estrenarse cuando estaba previsto porque la empresa encargada de colorearlas se retrasaba en los plazos de entrega. La productora tenía la fecha de estreno ya fijada y no pensaba aplazarla por nada del mundo, con lo que se renunció a hacerla en color. ¿Hubiera ayudado al éxito de la película que hubiera sido en color? Personalmente no creo que fuera un factor decisivo. Muchas películas en el cine han pasado desapercibidas pero el tiempo luego las ha colocado en el lugar que se merecen. ¿Es éste el caso de ¡Qué bello es vivir!? Yo creo que no.

No creo que sea una gran película ni memorable. Sí que es verdad que es entrañable y tiene sus momentos, pero creo que fue el hecho que se repusiera tanto lo que la convirtió en un clásico, en una tradición en los hogares. La película está demasiado sobrevalorada, si se mira fríamente lo mejor de la película es la interpretación de sus dos actores principales, especialmente de Lionel Barrymore, pero le falta algo en la narración, algo que haga que uno acabe de sentirse a gusto durante todo el metraje y que no desconecte a media película. Porque, en realidad, es difícil hacer creíble un personaje como George Bailey.  

¿Vosotros la habéis visto? ¿Qué opináis de ella?

Sabías que…
 
-         El set que reproducía el pueblo fue uno de los más grandes que se habían hecho nunca en una película americana. Medía más de 16.000 metros cuadrados.
 
-         Antiguamente para recrear la nieve en el cine se usaban copos de maíz pintados de blanco. Cuando caían hacían mucho ruido y los diálogos se tenían que grabar a posteriori. El director quería rodarlo todo a la vez, con lo que usó foamite, un material utilizado en los incendios que se propulsaba a través de una máquina de viento silenciosa. Por la innovación, el director recibió un premio técnico.
 
-         En una escena, el tío Billy sale de casa borracho y tropieza con algunos cubos de basura. Mientras se estaba rodando, a un miembro del equipo se le cayeron varios aparatos haciendo mucho ruido. El director decidió premiar al tramoyista torpe con 10 dólares por haber mejorado el sonido de la escena. 

-     La película se ambienta en Navidad, pero fue rodada en pleno verano.  A pesar del cuidado que se puso, en alguna escena se pueden apreciar gotas de sudor en alguno de los actores.
 

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