miércoles, 9 de julio de 2014

Cine clásico (VI) : Los duelistas



Título original: The duelist
Año: 1977
Director: Ridley Scott
Intérpretes: Keith Carradine, Harvey Keitel, Edward Fox, Albert Finney y Cristina Raines.


Si el mes anterior os comentaba que La cuadrilla de los once me había decepcionado bastante, este mes debo decir que Los duelistas ha sido una decepción en mayúsculas. Había leído muy buenas opiniones sobre esta película: era muy del estilo de Barry Lyndon, se había llevado reconocimientos en varios festivales, venía firmada por el gran Ridley Scott, contaba con la participación de unos jovencísimos Keith Carradine y Harvey Keitel y había sido rodada en parajes naturales. Muchos ingredientes que, a priori, apuntaban a que debía ser una buena película.
 
 
Como suele pasar, cuando hay bastantes expectativas, es más fácil que una película decepcione. Y eso es lo que me pasó con Los duelistas. La historia tiene como protagonista a Ferraud, un húsar del ejército de Napoleón, de carácter impetuoso y gran amigo de los duelos que aprovecha cualquier excusa para desafiar a cualquiera. Los duelos no estaban permitidos en época de guerra y los altos mandos envían al húsar Hubert para que lo detenga. Ambos se enzarzan en un nuevo duelo por una nimiedad, pero su enfrentamiento se ve interrumpido. Su escaramuza sólo acaba de empezar y se perpetuará a lo largo de los años, en diferentes duelos que intentan poner punto y final a su rivalidad.
 
Con este argumento, me imaginaba una película entretenida y trepidante, con bastante acción y con ciertas dosis de humor vistos sus numerosos enfrentamientos frustrados y lo inverosímil de la situación. En su lugar, encontré un metraje muy muy lento, con abundancia de silencios y  con unos personajes casi sin carisma.
 
El personaje de Harvey Keitel, obsesionado con los duelos y con su particular enfrentamiento, tendría que haber sido el más atractivo, divertido y provocativo, pero me resultó cansino e incomprensible, no se entienden sus motivaciones ni sus obsesio-nes. Es demasiado introvertido, no es ni un loco reconocido ni un cuerdo convencido.
 
El personaje de Keith Carradine, que debería haber sido su némesis, resultó ser un personaje apático, poco carismático y muy soso. En principio es una víctima de los caprichos y las obsesiones de su enemigo, atrapado por su honor y el sentido del deber en un enfrentamiento perpetuo del que no parece podrá escapar.
 
 
La película se lo toma todo muy en serio y pierde el norte media hora después de haber empezado. El duelo entre los protagonistas no tiene el gancho que debería tener para mantener el interés hasta el final y las historias secundarias tampoco son nada interesantes. Uno está deseando llegar al final, al menos para descubrir si esos dos enemigos enterrarán algún día el hacha de guerra.
 
Eso sí, lo más espectacular de Los duelistas es su fotografía. Como no contaban con mucho presupuesto, el equipo de Ridley Scott se las ingenió para buscar las mejores localizaciones naturales en Escocia, Francia e Inglaterra. Los paisajes, los páramos, los caminos y los viejos edificios que se ven en la película son todos reales y eso al menos, es un punto a su favor. Muchos de ellos de gran belleza y espectacularidad.
 
 
En conjunto, la opera prima de Ridley Scott me resultó un sopor y se me hizo eterna. Me parece incomprensible como un material tan prometedor dio como resultado esta historia tan plana.  

Con Los duelistas llegamos al final del reto de películas clásicas que me propuse hace medio año. Como en este caso, pudieron ser auténticos tostones que no había por dónde cogerlos, pero otros han sido verdaderas sorpresas. Mirando hacia atrás, me siento bastante satisfecha con estos seis meses de cine clásico. He aprendido bastantes cosas nuevas y he visto películas que por un motivo u otro en su momento destacaron u hoy en día se las considera especiales.

Sabías que…
 
- Las espadas usadas por los dos protagonistas en la primera parte de la película son sables de la caballería inglesa ligeros, modelo de 1798.

- Las espadas fueron conectadas a pilas antes de los enfrentamientos, para que al chocarlas emitieran chispas. Harvey Keitel se llevó más de un calambrazo por este hecho.

- Hay una escena en que una de las pistolas es lanzada al suelo. Se colocaron colchones y gente tumbada cerca para protegerla del daño de la caída. Era una antigüedad real cuyo valor alcanzaba las 17.000 libras.

- En la escena en la que se pide matrimonio, la chica se echa a reír. Esto no estaba así pensado, pero uno de los caballos cercanos tenía una fuerte erección y a la chica se le escapó la risa. El director decidió mantenerlo.

- A Albert Finney por su interpretación de un duque se le pagó con una caja de champán. A él no le importó, pues su novia trabajaba en la película y lo sugirió a él para el papel.

2 comentarios:

  1. No la he visto, pero después de leer tu reseña, la descarto por completo. Hay mucho donde elegir y es necesario ser selectiva.
    Besos.

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  2. Sí, será por películas... Yo este fin de semana vi 'Amazing Grace' y encantadísima, tú.

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