martes, 22 de abril de 2014

La mona de Pascua

Desde hace un tiempo en casa nos hemos aficionado a elaborar una mona casera cada lunes de Pascua. La tradición en Cataluña dicta que el lunes después de Semana Santa debe ser el padrino o la madrina los que  regalen a su ahijado un pastel con un huevo de chocolate o con figuras de chocolate muy elaboradas. A estos pasteles se les conoce como "Monas". Además del chocolate, la decoración con pollitos y plumas es un clásico y también se suelen añadir muñequitos de los dibujos predilectos de los niños.  
 
Aunque no hay niños en casa, a mi chico y a mí nos gustan los dulces y probar cosas nuevas en la cocina y aprovechando esta tradición cada año ideamos una mona nueva con materiales o técnicas que aún no hayamos probado. Ésta es la que hemos hecho este año.
 
 
Es mucho menos elaborada que otras que hayamos hecho antes, pero nos apetecía probar con el fondant. Preparamos un bizcocho con sabor a limón y se recubrió con una capa de fondant negro y se decoró con nata montada.


 
El fondant permite hacer unos acabados geniales y ofrece mil y una combinaciones para la decoración de tartas. Pero tal y como me temía, no nos gustó nada su sabor y textura. Demasiado dulzón y empalagoso. ¡Qué lástima!
 

 
Aquí tenéis la vista aérea de la tarta coronada por el genio de Aladín y Periwinkle, la hermana de Campanilla.


Ahora toca pensar en la próxima. ¿Alguna sugerencia?
 

domingo, 20 de abril de 2014

Cine clásico (II): Rebelión a bordo

 

Título original: Mutiny on the Bounty
Año: 1936
Director: Frank Lloyd
Intérpretes: Charles Laughton, Clark Gable, Franchot Tone



Rebelión a bordo nos traslada al año 1789. La Bounty es un buque británico que navega rumbo a los Mares del Sur. El viaje es ya duro de por sí, pero bajo las órdenes del capitán Bligh aún lo es mucho más. Su carácter duro e inflexible hace que se conduzca de forma tiránica y a menudo injusta con su tripulación. Hartos de la situación a bordo, la tripulación con el primer oficial en cabeza deciden rebelarse y organizan un gran motín. El capitán es abandonado en un bote mientras los amotinados ponen rumbo a la Polinesia donde les esperan los encantos de la isla y una nueva cultura.
 
 
Ésta no ha sido una gran película para mí. Cuando leí el argumento del metraje me imaginé que estaría ante una película de aventuras ambientada en el mar, con dosis de acción (de la época, claro) y entretenida. Pero la verdad es que se me hizo muy larga y lenta. La película se divide en dos partes: la primera en la que se nos presenta la situación a bordo del barco y la segunda, lo que sucede en la isla una vez la tripulación se rebela. La primera parte se extiende demasiado (cerca de hora y media), la rebelión se produce en cinco minutos sin grandes efectismos y el desarrollo en la isla careció de gran interés o atractivo. Pensaba que estaría ante un metraje de aventuras similar a los que hacía Errol Flynn, pero el resultado está bastante lejos de lo que yo imaginaba. 
 
 
La película no consiguió convencerme, pero sí que hay que reconocer el gran trabajo que se realizó para llevarla a cabo. Se invirtió muchísimo dinero (fue la más cara del momento) y se cuidaron mucho los detalles para ser lo más fieles posibles a la época que se estaba intentando recrear. Se reconstruyó gran parte del barco y se hicieron reproducciones exactas de los trajes de la marina. También se cuidó mucho la elección de los actores protagonistas. Existe una gran química entre los actores principales: Charles Laughton que interpreta al capitán y Clark Gable, como el primer oficial. Esa enemistad se consiguió reproducir en la gran pantalla buscando a dos actores que no se soportaran en la vida real; Laughton era homosexual y Gable, un homófobo confeso.
 
 
Charles Laughton fue el gran descubrimiento de la película para mí. No conocía a este actor, pero después de ver su interpretación del despiadado capitán, estoy muy tentada de ver alguno más de sus trabajos. En Hollywood está muy bien valorado y su trayectoria es prolífica. A Clark Gable ya lo conocía, básicamente por sus papeles de galán con un puntito canalla. Rebelión a bordo sería un reto para él porque está bastante alejado de los personajes a los que nos tiene acostumbrados; interpreta a un héroe, un oficial que se salta las normas para defender a los demás porque está en desacuerdo con las injusticias que se llevan a cabo. Este papel también sería un suplicio porque tuvo que renunciar a su bigote. Este "nuevo" Clark Gable sin bigote me recordó físicamente muchísimo a George Clooney de joven.
 
 
 
Como comentaba, lo mejor de la película son las interpretaciones de los grandes actores, pero la historia es demasiado sencilla y predecible. No hay grandes giros ni sorpresas, todo es bastante inocente y lleno de moralejas, muy por el estilo del tipo de películas que se hacían por la época. Años después se hizo un remake de Rebelión a bordo, con el mismo título protagonizado por Marlon Brando. Una nueva versión que con el paso del tiempo consiguió eclipsar al original.
 

Sabías que…
 
-         Es la única película en la que sus tres actores protagonistas han competido por llevarse el Oscar al mejor actor y ninguno de ellos se lo llevó. Para evitar que la situación se repitiera, la Academia creó la categoría de Mejor actor de reparto.
 
-         En su reposición en España durante la Guerra Civil se le cambió el título de Rebelión a bordo por el de La tragedia de la Bounty. Las autoridades franquistas temían que la palabra rebelión del título pudiera incitar a una.
-         Clark Gable tuvo que afeitarse su preciado bigote por exigencias del guión. En la Marina Real en la época en la que se ambientaba la película los bigotes estaban totalmente prohibidos.
 

lunes, 7 de abril de 2014

Cine clásico (I): La quimera del oro




Título original: The Gold Rush
Año: 1925
Director: Charles Chaplin
Intérpretes: Charles Chaplin, Mack Swain, Georgia Hale y Tom Murria


Nuestro cine club arrancó con La quimera del oro. Representaba la segunda película en blanco y negro que veía en mi vida y la primera vez que visionaba una película de Charles Chaplin. Seguramente este metraje no sea el más popular del conocido actor del bastón y del bombín, pero el argumento llamó mi atención.
 
La historia se centra en un vagabundo que en busca de oro llega a Alaska. En medio de las montañas, nuestro vagabundo se ve sorprendido por una tormenta y decide refugiarse en una cabaña. Allí, se encuentra con su propietario quién se verá obligado a compartir su casa con el vagabundo y con un bandido con muy malas pulgas. A partir de esta premisa, se irán desarrollando los momentos cómicos.

La idea de la película le surgió a Chaplin cuando estaba en casa de sus ami- gos Douglas Fairbanks y Mary Pickford viendo una sesión de diapositivas sobre los buscadores de oro en Alaska. Decidieron llevarla a cabo con su propia productora, United Artists, que habían fundado en 1919 con la idea de evitar el control masivo que las majors ejercían sobre sus películas en aquella época. 
 
La quimera del oro tiene dos versiones. La primera versión es la original estrenada en los cines en 1925 considerada de cine mudo. La segunda versión es la del 1942 cuando se reestrenó en los cines como versión sonora. El propio Chaplin se encargó de poner la voz en off y de recortar alguna escena que no le convencía. Tanto gustaron los nuevos retoques que consiguió dos nominaciones a los Oscars como mejor banda sonora y sonido.

Viendo la película llegué a comprender porque Charles Chaplin es considerado un genio. Había empezado muy joven en el mundo de interpretación y tenía muchí- simas inquietudes que le llevaron a hacer grandes obras, muchas de ellas tocando temas bastante comprometidos. Tanto es así que tuvo que acabar sus días exiliado en Suiza acusado de ser simpatizante del comunismo. Fue valiente al atreverse a mostrar en la gran pantalla algunos de los problemas de la época: hambruna, pobreza, la industrialización, la individualización, la búsqueda de la riqueza, ... pero eso sí, sin olvidar la vis cómica de todo en esta vida. Aunque intenta que sus personajes sean graciosos, conmigo no siempre lo consigue, porque aunque sí me río, a menudo sus personajes despiertan en mí pena o lástima.

La quimera del oro tiene sus momentos, entre ellos desta- caré la escena en la que el personaje de Chaplin acu- ciado por un hambre voraz decide cocinar uno de sus zapatos y comérselo con gran solemnidad, chupando las puntillas como si fueran huesos de la más exquisita ave. ¿Surrealista?¿Ingenioso?


En general, la película discurre bastante bien, no haciéndose excesivamente pesada, a pesar de lo antigua que es y de ser parcialmente muda. Eso sí, requiere concentración, pues cualquier nimio despiste dificulta su comprensión. Uno está obligado a seguir cada plano y a no perderse nada de los detalles, porque al no tener audio, todo el significado de la acción recae en la expresividad de los actores y en los fondos en negro con frases aclaratorias.

¿La recomendaría? Pues por qué no. Eso sí, me da a mí que La quimera del oro no es la mejor película de Charles Chaplin y que quizá sería mejor invertir nuestro tiempo en alguna otra película suya más reconocida como Tiempos modernos o El gran dictador.
 
 Veremos qué tal la segunda película de nuestro cine club. Mientras tanto, os dejo con un recuadro con unas cuantas curiosidades sobre La quimera del oro.


Sabías que…
 
-         Los 2500 exploradores que se ven al inicio de la película eran vagabundos que se contrataron por un día.
-         Hay una escena en la aparece un oso. Para rodarla contaron con un oso de verdad cuando lo usual en la época era disfrazar a un hombre de oso.
-         La escena conocida como la de los rollos tenía tanto éxito entre el público que los proyeccionistas optaban por parar la proyección y rebobinar la película para reproducir esa escena de nuevo.

- Tuvo problemas con el copyright. En 1953 la cinta estuvo a punto de entrar en la lista de películas de dominio público porque sus propietarios no habían renovado el copyright según las leyes norteamericanas.