domingo, 3 de mayo de 2015

'La dama de oro'

Hace unas semanas se nos ocurrió ir al cine. No teníamos mucha idea de qué ver, pero me vino a la memoria un tráiler que había visto de refilón por la tele un par de días antes y que me había llamado la atención. Busqué por internet el tráiler completo y sin mucha más información, nos fuimos a ver La dama de oro. No suelo ir al cine ignorando tanto lo que voy a ver, pero esta vez, ir sin ninguna expectativa nos dio unos resultados excelentes.

La película está basada en hechos reales. Trata sobre el expolio alemán durante la Segunda Guerra Mundial y de las consecuencias que supuso para numerosas familias austríacas, que vieron desaparecer a familia y amigos y también aquellas pertenencias que les traían tantos recuerdos y felicidad.

El famoso y polémico cuadro de Klimt
María Altmann (Helen Mirren) fue una judía que décadas atrás se vio obligada a huir de su adorada Austria a causa del auge del nazismo. Desde entonces ha vivido en Estados Unidos llevando su humilde negocio de ropa. Su hermana acaba de fallecer y mientras ordena sus pertenencias descubre una postal que reproduce un famoso cuadro del pintor Gustav Klimt. En realidad, la mujer del cuadro es la propia tía de María, una mujer que vivía con la familia y que se había convertido en la musa del pintor. Los cuadros de Klimt habían vestido las paredes de la familia Altmann hasta que los nazis se los requisaron y ahora lucen en los principales museos de Viena. María toma la decisión de recuperar la herencia de la familia y para ello, iniciará una cruzada que la llevará a enfrentarse a las altas instituciones y al gobierno austríaco. Un joven abogado, también descendiente de ilustres austríacos (Ryan Reynolds), la ayudará en este viaje al traumático pasado.

La película se sitúa a finales de los 90, momento en el que Altmann decide iniciar su periplo para recuperar sus cuadros y entre medias tenemos numerosos flashbacks que nos llevan al pasado para ser testigos de su infancia y juventud antes de que Hitler llegara al poder y así poder entender por qué es tan importante la restitución de las obras de arte para ella.

Esta película es interesante por el tema que trata, pero también por las interpretaciones de todos sus actores. Helen Mirren nos sorprende con el papel de una mujer ya mayor, frágil en apariencia, pero valiente que vuelve a un pasado que no desea recordar por lo doloroso que es, pero al que debe enfrentarse para hallar paz y justicia. Ryan Reynolds huye de esos papeles más frívolos a los que nos tiene acostumbrados y se mete en la piel de un abogado, quién al principio acepta el caso por dinero para luego acabar más comprometido que nunca en esa lucha de David contra Goliat.
Daniel Brühl será un periodista austríaco convencido con su causa que les echará una mano en todo lo que pueda. Resulta un soplo de aire fresco y a pesar de una presencia intermitente consigue hacerse un hueco en esta historia. Tatiana Maslany (más conocida como la protagonista de Orphan Black) encarnará a la joven María Altman trayéndonos una excelente actuación llena de matices, con mucho carisma y fuerza, que nos hará revivir los momentos de felicidad e inocencia y también el miedo, la angustia y la incertidumbre que se vivía a principios de 1940. Y mi grata sorpresa fue encontrarme a Elizabeth McGovern (Cora en Downton Abbey), cambiando sus vestidos de época por una toga de jueza. Espectacular, de todas formas.


La ambientación es otro de los puntos fuertes de esta película. Tanto el vestuario como los decorados, especialmente los de la década de los 30-40 están muy bien conseguidos y logran hacernos creíbles el salto en el tiempo. Personalmente, me encantó el recurso de utilizar un objeto o un edificio que prácticamente no había cambiado en décadas para trasladarnos con la protagonista al pasado. La película nos hace ser conscientes de nuestra inconsistencia, las cosas materiales perduran y por mucho que nosotros cambiemos ellas seguirán inmutables mucho tiempo más. 

La dama de oro es una película trepidante, enfocada desde diferentes ángulos. Tiene un poco de drama, bastante intriga, elementos clásicos del cine de juicios (con sus trabas judiciales y las pequeñas triquiñuelas que hacen que la balanza se decante hacia un lado u otro) y en el trasfondo mucha historia que sigue repercutiendo en nuestra época actual. La película intenta mostrarnos que aunque el tiempo pase, el pasado sigue existiendo, se puede intentar pasar página, pero siempre quedan heridas que pueden reabrirse fácilmente y mucho resentimiento. Durante el metraje, también se plantea el dilema sobre si el arte es patrimonio de todos o si sus legítimos propietarios tienen derecho a reclamar algo que después de tanto tiempo se ha convertido en un símbolo y un orgullo para su país de origen.

Yo creo que es una película muy completita, quizá no sea un peliculón, pero sí que entretiene mucho y nos da la oportunidad de conocer un poquito más de unos hechos de los que yo personalmente no tenía ni idea. Klimt no es un artista que me haya llamado nunca la atención, más allá de reconocer sus cuadros por su estilo y descubrir toda la historia de fondo que había con alguna de sus obras, me sorprendió muy gratamente. Hasta el punto que cuando llegué a casa me puse a buscar más información de los hechos porque me había picado la curiosidad. A mí me encantó y os la recomiendo.

Os dejo el tráiler de la película para que le echéis un vistazo. Dadle una oportunidad, no os decepcionará. Y si ya la habéis visto, contadme qué os pareció.